Leyendo el título de mi blog, supongo que uno se hace a la idea de mi nivel de tecnofobia. En esta primera entrada, narraré mis espeluznantes aventuras con las nuevas tecnologías (sólo pido no ser humillada públicamente por mi garrulismo sumo)
Antes de comenzar, me gustaría expresar mis expectativas respecto a esta asignatura. A pesar del escalofrío que atravesó mi columna vertebral al leer la palabra obligatoria al lado del nombre de la materia en el programa del curso, y tras un par de hiperventilaciones, decidí tomarme esto como una oportunidad de alfabetización digital.
¿Por qué esta relación tan tormentosa con las máquinas?
Empezaré por el principio de mis tiempos. Llegué a Barcelona con 18 años y sin haber encendido un ordenador en mi vida. Siempre preferí comunicarme con personas cuyo idioma , a diferencia del binario, logro entender(la mayoría de las veces). Por raro que parezca, me puse a estudiar periodismo con la ingenua imagen del típico periodista que va a investigar con su libreta.
Y el primer día de universidad, en mi primera asignatura..... ¡A la sala de ordenadoooreees!
¿Ordenador? ¿No vamos a escribir con esas románticas máquinas de escribir que salen en las pelis de los años 40?
No siendo yo consciente de que la informática había llegado ya a la mayoría de hogares de la comunidad universitaria y careciendo de cualquier tipo de información acerca de la máquina que se me presentaba como un gran enigma; por miedo a romper aquel misterioso e imponente objeto, levanté la mano y pregunté en voz alta (y ante 90 personas): “¿Cómo se enciende?”
Os podreis imaginar la carcajada popular que rompió en el aula y tronó en mi cabeza.
Aquel fue el inicio del TRAUMA
Pero la cosa no acabó allí, no sólo teníamos que usar el ordenador para cualquier tipo de operación sino que en el segundo semestre apareció aquella fatídica asignatura: DISEÑO Y ENMAQUETACIÓN DIGITAL
El subtítulo que yo le hubiera puesto en aquel momento de haber leído estas palabras en la cartelera de un cine y no en el programa del semestre es: “Bienvenidos al infierno” o “La amenaza”
A pesar de que ya había aprendido algunas cosas a nivel usuario como: encender el ordenador, apagarlo, abrime una cuenta de correo, usar el google y el word; la situación me desbordaba. Dejé la carrera.
Pero no todo es negativo en el mundo tecnológico.
A parte del e-mule (esa mina de entretenimiento gratuito) y la wikipedia (eterna fuente de sabiduría y conocimiento), descubrí en primero de educación social los beneficios que podía tener la tecnología. Realizamos un trabajo sobre la cárcel de jóvenes de la Trinitat y descubrimos que la actividad con mejor acogida entre los presos era la del punto omnia, más en concreto la creación de un blog.
Uno de los presos lo explicaba con claridad: la contención en la cárcel era muy fuerte y el blog suponía una vía de escape y un medio de expresión al exterior.
Mi imagen de las máquinas comenzó a cambiar.
A pesar de que sigo pensando que las relaciones virtuales no pueden compararse en calidad a las relaciones cara a cara, es cierto, que siempre que sepamos usarlas, las nuevas tecnologías nos abren posibilidades. Éstas suponen un increíble medio de comunicación que elimina las fronteras físicas de la distancia y multiplica las posibilidades de expresión permitiéndonos difundir y recibir diferentes mensajes y puntos de vista.
Por otro lado, el alcance y el poder de las nuevas tecnologías es tan fuerte que es importante una educación que enseñe a realizar un buen uso de éstas, presentándolas como un nuevo medio de expresión y comunicación, pero no como el único.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Buen relato y con sentido útil pese ser de una tecnofóbica...estás segura de ello???
ResponderEliminar